Ir al contenido principal

Milagritos Mexicanos: El nuevo cuadernillo de InquietaMente

Algo terrible ha sucedido. El mejor toro del señor Pérez escapó de su granja la noche anterior y no ha regresado. El pobre hombre lo ha buscado por todas partes. Sabe que sólo queda una cosa por hacer: pedir un milagro.

Debido a que es un hombre de escasos recursos, busca una lata y con mucho cuidado la corta en la forma de un novillo, graba en el metal las marcas distintivas de su posesión más preciada, y lleva el amuleto a la iglesia.

De rodillas, ora con humildad por el regreso del animal sano y salvo, y acongojado busca el mejor sitio para fijar su amuleto. Se asegura de que quede en un lugar visible a los ojos de su santo patrón.

En el campo mexicano la esperanza se expresa de esta forma tan original, con una oración y un pequeño obsequio a los dioses. Los pequeños amuletos son conocidos por el nombre de “milagros” y esta práctica data de hace cientos de años.

Se acredita a Hernán Cortés el haber realizado el primer “milagro” para agradecer a la virgen el haberlo curado cuando temía su muerte, por la mordedura de un escorpión. Su “milagro” no fue tan simple como aquél ofrecido por el señor Pérez. Cortés lo realizó en oro, adornado con perlas y esmeraldas, pero el sentido de urgencia y esperanza de ambos hombres quizá fue el mismo.

Los metales que se utilizan van desde el plomo hasta el oro, en tanto que los más comunes son el zinc y aleaciones de aluminio. A diferencia de los exvotos, que son como tarjetas de agradecimiento a los santos, los “milagros” son testimonios de esperanza. El “milagro” se deja como recordatorio: “por favor, ayúdame a encontrar mi torito. Se parece a éste.”

Los “Milagros” vienen en todas las presentaciones, dependiendo de la petición del individuo. Las formas más comunes son hombres o mujeres arrodillados (quienes buscan que su petición sea escuchada), corazones (que ruegan por la armonía espiritual o por el amor perdido), y brazos, piernas y ojos (por lesiones comunes relacionadas con el trabajo del campo). Pero la fe no tiene fronteras; he visto carretas, perros, narices y muchos otros “milagros” inusuales.

 Como toda manualidad, no es el material con el que se elaboran lo que importa, sino el talento artístico lo que da valor a los “milagros”. Tal vez lo hagan sonreír o sentir tristeza. ¿Lo hacen sentir algo? Esa es la forma de juzgar su valor.

Los milagros son testimonio de lo que nos hace miembros de la misma familia: son pruebas de esperanza.

También conocidos como “Corazones de Hojalata” nos recuerdan que el amor es como el arte: se trabaja con el corazón en las manos.

 

Desde InquietaMente queremos hacerte llegar esta forma de arte y de ejercitar nuestra creatividad a través de la composición de colores y lo que nos despierta cada uno de los milagritos que elegimos para este nuevo cuadernillo; creado en plena cuarentena por Covid-19, nos pareció una forma interesante de poder expresarnos y ejercitar nuestro cerebro, evitando caer siempre en la pintura de mandálas o dibujos similares.

Te propongo que a partir de la pintura de cada uno de ellos, puedas realizar una introspección sobre los sentimientos o emociones que te despierta cada uno de estos dibujos., trabajándolos con “el corazón en las manos”.

 

“He aquí mi secreto que no puede ser mas simple: solo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos”.

Antoine  de Saint Exupery—El Principito

 

 

Taisa B. Caresani

Lic. En Psicología

M.P: 10665

 

 

 


Si queres tener este cuadernillo, escribinos por nuestras redes o por whatsapp:

@inquietamente.ec

(02353) 15 416038

Hacemos envíos a todo el país.


Comentarios